• Navidad 2018
5 poemas para recitar en Navidad

5 poemas para recitar en Navidad

  • 24 de septiembre de 2018

El nacimiento de Cristo de Lope de Vega

Repastaban sus ganados

a las espaldas de un monte

de la torre de Belén

los soñolientos pastores,


alrededor de los troncos

de unos encendidos robles,

que, restallando a los aires,

daban claridad al bosque.


En los nudosos rediles

las ovejuelas se encogen,

la escarcha en la hierba helada

beben pensando que comen.


No lejos los lobos fieros,

con los aullidos feroces,

desafían los mastines,

que adonde suenan, responden.


Cuando las oscuras nubes,

de sol coronado, rompe

un Capitán celestial

de sus ejércitos nobles,


atónitos se derriban

de sí mismos los pastores,

y por la lumbre las manos

sobre los ojos se ponen.


Los perros alzan las frentes,

y las ovejuelas corren

unas por otras turbadas

con balidos desconformes.


Cuando el nuncio soberano

las plumas de oro escoge,

y enamorando los aires,

les dice tales razones:


«Gloria a Dios en las alturas,

paz en la tierra a los hombres,

Dios ha nacido en Belén

en esta dichosa noche.


»Nació de una pura Virgen;

buscadle, pues sabéis donde,

que en sus brazos le hallaréis

envuelto en mantillas pobres».


Dijo, y las celestes aves

en un aplauso conformes

acompañando su vuelo

dieron al aire colores.


Los pastores, convocando

con dulces y alegres voces

toda la sierra, derriban

palmas y laureles nobles.


Ramos en las manos llevan,

y coronados de flores,

por la nieve forman sendas

cantando alegres canciones.


Llegan al portal dichoso

y aunque juntos le coronen

racimos de serafines,

quieren que laurel le adorne.


La pura y hermosa Virgen

hallan diciéndole amores

al niño recién nacido,

que Hombre y Dios tiene por nombre.


El santo viejo los lleva

adonde los pies le adoren,

que por las cortas mantillas

los mostraba el Niño entonces.


Todos lloran de placer,

pero ¿qué mucho que lloren

lágrimas de gloria y pena,

si llora el Sol por dos soles?


El santo Niño los mira,

y para que se enamoren,

se ríe en medio del llanto,

y ellos le ofrecen sus dones.


Alma, ofrecedle los vuestros,

y porque el Niño los tome,

sabed que se envuelve bien

en telas de corazones.


La niña a quien dijo el ángel

La Niña a quien dijo el Ángel

que estaba de gracia llena,

cuando de ser de Dios madre

le trujo tan altas nuevas,


ya le mira en un pesebre,

llorando lágrimas tiernas,

que obligándose a ser hombre,

también se obliga a sus penas.


¿Qué tenéis, dulce Jesús?,

le dice la Niña bella;

¿tan presto sentís mis ojos

el dolor de mi pobreza?


Yo no tengo otros palacios

en que recibiros pueda,

sino mis brazos y pechos,

que os regalan y sustentan.


No puedo más, amor mío,

porque si yo más pudiera,

vos sabéis que vuestros cielos

envidiaran mi riqueza.


El niño recién nacido

no mueve la pura lengua,

aunque es la sabiduría

de su eterno Padre inmensa.


Mas revelándole al alma

de la Virgen la respuesta,

cubrió de sueño en sus brazos

blandamente sus estrellas.


Ella entonces desatando

la voz regalada y tierna,

así tuvo a su armonía

la de los cielos suspensa.


Pues andáis en las palmas,

Ángeles santos,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.


Palmas de Belén

que mueven airados

los furiosos vientos

que suenan tanto.


No le hagáis ruido,

corred más paso,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.


El niño divino,

que está cansado

de llorar en la tierra

por su descanso,


sosegar quiere un poco

del tierno llanto,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.


Rigurosos yelos

le están cercando,

ya veis que no tengo

con qué guardarlo.


Ángeles divinos

que vais volando,

que se duerme mi niño,

tened los ramos.


Las pajas del pesebre

Las pajas del pesebre

niño de Belén

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Lloráis entre pajas,

del frío que tenéis,

hermoso niño mío,

y del calor también.

Dormid, Cordero santo;

mi vida, no lloréis;

que si os escucha el lobo,

vendrá por vos, mi bien.

Dormid entre pajas

que, aunque frías las veis,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Las que para abrigaros

tan blandas hoy se ven,

serán mañana espinas

en corona cruel.

Mas no quiero deciros,

aunque vos lo sabéis,

palabras de pesar

en días de placer;

que aunque tan grandes deudas

en pajas las cobréis,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.

Dejad en tierno llanto,

divino Emmanuel;

que perlas entre pajas

se pierden sin por qué.

No piense vuestra Madre

que ya Jerusalén

previente sus dolores

y llora con José;

que aunque pajas no sean

corona para rey,

hoy son flores y rosas,

mañana serán hiel.


Yo vengo de ver de Lope de Vega

Yo vengo de ver, Antón,

un niño en pobrezas tales,

que le di para pañales

las telas del corazón


Zagalejo de perlas

Zagalejo de perlas,

hijo del Alba,

¿dónde vais que hace frío

tan de mañana?.


Como sois lucero

del alma mía,

al traer el día

nacéis primero;


pastor y cordero

sin choza y lana,

¿dónde vais que hace frío

tan de mañana?

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